Brasil es el abanderado de América Latina en la cumbre, con un ambicioso "compromiso voluntario" que vincula la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero a la preservación de la Amazonía. El presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, ha liderado una campaña internacional para que de la cita en Copenhague salgan medidas concretas y no sólo declaraciones de buenas intenciones, por lo que ha decidido predicar con el ejemplo y pregonar a los cuatro vientos los objetivos de su Gobierno.
Brasil se ha comprometido a reducir las emisiones de gases causantes del efecto invernadero entre un 36,1 y un 38,9% hasta 2020, un objetivo que se alcanzará principalmente mediante la reducción de la deforestación de la Amazonía y de la quema de selvas, la mayor fuente de emisión de gases contaminantes en el país.
Según las cuentas del Gobierno, si el país reduce la tasa de destrucción de la Amazonía, el mayor pulmón del planeta, dejaría de lanzar a la atmósfera 580 millones de toneladas de dióxido de carbono por año. La selva tropical es un sumidero de carbono en el que los árboles absorben grandes cantidades de dióxido de carbono (CO2), pero que al ser talados liberan este gas a la atmósfera.
Acuerdo amazónico
Como parte de su "campaña verde", Lula invitó a los demás países de la Amazonía a una reunión que se celebró el 26 de noviembre en la ciudad de Manaos, en el corazón de la selva, en la que se definieron los objetivos comunes que llevarán a Copenhague. A la cita asistieron, además de Lula, sus homólogos de Francia, Nicolas Sarkozy, como quiera que la Guayana Francesa, departamento galo de ultramar, forma parte de esa selva, y el mandatario de Guayana, Bharrat Jagdeo, así como representantes de Bolivia, Colombia, Ecuador, Perú, Surinam y Venezuela.
"Es necesario que Francia comience a dar importancia a su parte territorial en América del Sur", dijo Lula a mediados de este mes, antes de viajar a París para reunirse con Sarkozy y forjar una alianza para luchar en Copenhague contra el cambio climático que consignaron en un documento definido por el brasileño como "nuestra biblia climática".
Dicho documento incluye propuestas como la creación de una organización internacional dedicada al medioambiente y al desarrollo sostenible, que esperan sea lanzada en Copenhague y formalizada en la Conferencia Río+20, que debe celebrarse en 2012 en Río de Janeiro, la ciudad que acogió en 1992 la Cumbre de la Tierra.
La propuesta de Brasil y Francia fue presentada en la reunión celebrada en el corazón de la Amazonía, donde fue secundada por los demás países que comparten la mayor selva tropical del mundo y recogida en la Declaración de Manaos. Dicho documento subraya el principio de "responsabilidades compartidas pero diferenciadas" e insta a los países desarrollados a "reducir significativamente sus emisiones (de gases contaminantes), de acuerdo con sus responsabilidades históricas".
Igualmente, los países amazónicos acordaron que en Copenhague pedirán que se fijen compensaciones financieras mediante líneas de crédito de las naciones ricas a las que están en desarrollo por sus esfuerzos en la lucha contra el cambio climático.
Petición de mayor compromiso a China y EEUU
Brasil también ha reclamado un mayor grado de compromiso de las naciones industrializadas, principalmente de Estados Unidos y China, los mayores emisores de gases causantes del efecto invernadero, cuyos gobiernos presentaron esta semana los objetivos que llevarán a la capital danesa.
"Creo que la propuesta del presidente (Barack) Obama quizás sea lo máximo que él puede hacer en función de las circunstancias políticas internas, pero está muy por debajo de aquello que es la responsabilidad histórica y el papel de EEUU en este mundo globalizado, como está muy por debajo la propuesta de los países desarrollados de Europa", dijo Lula.
Una mayor responsabilidad de los industrializados también es reclamada por Argentina, país que no es amazónico. Según las autoridades argentinas, el éxito de un nuevo acuerdo mundial que suceda al Protocolo de Kioto de 1997 dependerá de que los países desarrollados definan la suma de dinero y tecnología que destinarán a las naciones con menos recursos para acciones de mitigación y adaptación al cambio climático.
Por su parte, México impulsará en Copenhague la creación del Fondo Verde, un mecanismo con el que se busca recompensar los esfuerzos de los países que adoptan políticas que reducen el efecto invernadero con aportaciones de los que más contaminan, una propuesta que casa con la de los amazónicos.