Cumbre Mundial sobre Cambio Climático de Copenhague

ONU

Ban Ki-moon tendrá que redoblar los esfuerzos para rescatar la cumbre

Ban Ki-moon  tendrá que redoblar los esfuerzos para rescatar la cumbre

El secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, tendrá que redoblar los esfuerzos para rescatar la cumbre sobre cambio climático de Copenhague, después de que las diferencias entre las grandes economías hayan dificultado el objetivo de sellar un pacto vinculante.

Los responsables de las Naciones Unidas ya han rebajado en los últimos meses las expectativas sobre lo que constituiría un "éxito" en la cita danesa, hasta dejarlas en un "acuerdo político" que permita extender por un año más las negociaciones de cara a la obtención de un tratado vinculante para frenar el calentamiento global.

La ONU considera que este acuerdo político debe contener tres elementos básicos para que sirva como un paso intermedio hacia la firma de un tratado que sustituya al Protocolo de Kioto cuando venza en 2012. Esto es que cada país se comprometa a recortes concretos en sus emisiones de gases de efecto invernadero y se consensúe la entrega de asistencia financiera a las naciones en desarrollo para ayudarles a reducir sus emisiones (mitigación) y a adaptarse a los efectos del calentamiento global. El tercer elemento es la creación de un mecanismo que canalice las ayudas de una forma transparente y equitativa.

Las materias más peliagudas, sin cerrar

La presidenta del Centro Pew para el Cambio Climático, Eileen Claussen, ha pronosticado que el documento que salga de la cumbre en Dinamarca contendrá compromisos más o menos específicos, pero dejará para más adelante las materias más peliagudas. "Se dejarán fuera muchos asuntos, y no será vinculante, pero creo que de todas maneras constituirá un avance con respecto a la situación en la que nos encontramos".

Las dificultades de EEUU para comprometerse a una cifra específica en la reducción de emisiones es el principal obstáculo para un tratado por el lado de los países desarrollados, mientras que la reticencia de China a poner coto al ritmo en que ascienden las suyas socava la posición de las economías en desarrollo, indicó Claussen.

Por otro lado, tampoco existe consenso sobre la creación de un mecanismo que verifique el cumplimiento de los compromisos, el formato legal del tratado, o la cuantía de las compensaciones que se entregarían a las naciones menos desarrolladas para mitigación y adaptación. Claussen considera que en tiempos de crisis económica es "ilusorio" que los países desarrollados acepten la cifra de 500.000 millones de dólares anuales en compensaciones, tal y como la ONU propuso el pasado septiembre.

De todas formas, la declaración conjunta de China y EEUU emitida durante la reciente visita a Pekín del presidente estadounidense, Barack Obama, invita al optimismo, dijo el experto en cambio climático del centro de estudios Council on Foreign Relations, Michael Levi. Los dos países se comprometieron a asegurar que la cita en la capital danesa sea un éxito, lo que para Levi indica "una voluntad de anunciar cifras específicas".

Persistencia de Ban Ki-moon

La persistencia del secretario general de la ONU en los últimos dos años en sus llamamientos a alcanzar un acuerdo es una de las razones "que nos ha permitido llegar a este punto", valoró Claussen. "Ahora es una cuestión de voluntad política de los gobiernos. Ban Ki-moon debe continuar presionándolos, pero al final son los gobiernos y su situación nacional las que decidirán la cuestión", agregó.

Un fracaso en Copenhague supondría un revés para el secretario general, que ha hecho del cambio climático la bandera de su gestión al frente de la ONU y es una de las materias en las que su capacidad de liderazgo no ha sido puesta en duda. Ban fue blanco de duras críticas en meses pasados, tras superar el ecuador de su mandato, por parte de quienes lo consideran un político "sin carisma" e "indeciso" que tiene tendencia a "ausentarse" en las situaciones delicadas. Lograr el éxito en la lucha contra el cambio climático serviría para reivindicar a sus defensores, quienes consideran que se ha subestimado el poder de la diplomacia silenciosa que a Ban le gusta practicar.